Discurso de anoche en el Cementerio Jesuita
En una noche estrellada y en luna creciente, se abrió la tierra para echar allí a esta semilla de solidaridad que fue RENATO POBLE BARTH S.J.
En emoción profunda y frente a las máximas autoridades del país, todos los Jesuitas de Chile, los Laicos Ignacianos, los Ex Alumnos Jesuitas de Chile, y el pueblo de Santiago representado por miles y miles de mujeres , hombres y niños, que tempranamente repletaron el Campo Santo de los Jesuitas en la casa de Ejercicios de Padre Hurtado.
Adjuntamos el discurso del director del Hogar de Cristo señor Jorge Carey con un resumen de de las palabras de autoridades, con motivo de la sepultación de los restos de nuestro amigo y compañero jesuita P. Renato Pobelte Barth S.J., quien falleció a los 85 años el 18 de Febrero recién pasado.
Habló el Vice Presidente Edmundo Perez Yoma, quien sentidamente expresó las condolencias del Gobierno de Chile a la Compañía de Jesús y al pueblo de Chile. Expresó el señor Edmundo Perez su cercanía personal al padre Renato, quien nació en Antofagasta al igual que él.
Luego se dirigió a los asistentes al cementerio el Presidente Electo de Chile, Sebastián Piñera Echenique, quien destacó el trabajo del padre Renato por los mas pobres y vulnerables del país y de América Latina, recordando a la audiencia que el padre junto a mas de un millón de amigos fue al encuentro del Padre Dios en el mes de Febrero, mes de cosechas, al igual que otros grandes jesuitas.
Las cosechas reflejadas en obras como sus acciones en la docencia universitaria, los Empresarios Cristianos, la Revista Mensaje,el mundo sindical y el Hogar de Cristo, fundado por San Alberto Hurtado S.J. pero multiplicado y desarrollado por el padre Renato Poblete S.J.
El Presidente Piñera destacó la obra de este notable jesuita a la Iglesia y a la Patria que al igual que San Alberto, fue una visita de Cristo a Chile. El Presidente electo, al terminar sus palabras y profundamente emocionado recordó que había visitado durante la campaña electoral a “mi amigo y padre Renato, el que me bendijo y me pidió hacer un gobierno de unidad y siempre con el corazón en el mundo de los pobres”
Adjuntamos las palabras de don Jorge Carey, en representación del directorio del Hogar de Cristo
En mi calidad de director del Hogar de Cristo – institución a la cual Renato me llevó en la década de los años ochenta – pero más que eso, como uno de sus muchos amigos, despido a un ser muy querido por todos.
Este hombre bueno, quien sobresalió por una inteligencia emocional fuera de lo normal, fue toda su vida un puente. Un puente entre la derecha y la izquierda, los poco dotados y los talentosos, los ricos y los pobres, los que creen y los que no creen, los cristianos y los judíos, los sanos y los enfermos, los jóvenes y los viejos, los poderosos y los débiles, los padres y los hijos, los que buscan trabajo y los que pueden darlo y entre los que tienen el poder de efectuar cambios políticos y económicos y los que necesitan de una red social que los proteja. El fue, por lo tanto, un ancho, sólido y noble puente por el que hemos transitado sus innumerables amigos y los muchos que pueden no haberlo conocido y a quienes ha alcanzado su impresionante obra.
En una entrevista, el padre Poblete relató su primer y decisivo encuentro con el padre Hurtado. Como sabemos, al despedirse, el futuro santo le dice “ Negro, veo que es la primera vez que vienes, trata de volver”. Esa frase fue para el padre Poblete como una invitación personal a la que no pudo negarse. Volvió a verlo y el entusiasmo y ejemplo del padre Hurtado hicieron que su ingreso a la Compañía de Jesús se tornara en algo inevitable. En otra entrevista que leí por ahí, el Padre Poblete dijo “cuando conocí al Padre Hurtado, me fregué”. Claro, tuvo que dejar su vida de alegre gozador, exitoso estudiante, pololo reincidente y líder natural, para seguir la vida sacerdotal. Además, no pudo casarse y tener una linda descendencia. Cambió todo eso, sin embargo, por una vida mucha más plena, llena de alegría, vida que le dio una familia mucho más grande que la que habría constituido si se hubiese casado. Naturalmente, todos los que estamos aquí hoy nos sentimos parte de esa gran familia.
El Padre Poblete, como todos sabemos, fue amigo y confesor de dos cardenales y su participación fue decisiva para que se firmara el Acuerdo Nacional, el primer gran paso de nuestro exitoso y pacífico regreso a la democracia. Pero, por sobretodo, fue una fuerza motora y decisiva en el éxito de lo que es un verdadero milagro: el Hogar de Cristo, una institución que el quiso tanto. Al mismo tiempo, nunca perdió su gran sentido del humor, el que le permitió, entre otras cosas, estar siempre listo para reírse de sí mismo. No conoció el rencor y fue siempre un ser extraordinariamente cariñoso. Se involucró en todo, traspasó las barreras generacionales y sociales y se preocupó de verdad, por las personas, por todas ellas. Fue un ser incondicional e impactó a todos los que tomaron contacto con su persona por el apoyo que les brindó, en las horas buenas y las malas. Se preocupó toda su vida por los pobres, siguiendo el ejemplo del padre Hurtado, incluso en las calles. Pero, además, también se preocupó por los ricos. A estos, que no es cierto que sepan cuidarse solos, los ayudó igualmente con admirable devoción y cariño cuando se econtraron en situaciones de angustias terrenales o religiosas y los supo, con delicadeza y tino, poner en contacto con el sufrimiento de los pobres e incentivarlos a que los ayuden .
Su austeridad fue siempre algo que impactó a los que lo rodeamos. Como sabemos sus amigos, era frustrante regalarle cosas porque con mucha rapidez se desprendía de ellas en favor de los que puedan necesitarlas. Seguía usando ropa que le habían regalado en los años setenta. Ocupaba un pequeñísimo dormitorio, el más chico de los dos de servicio de la casa donde vivía con otros sacerdotes. Su dormitorio, a pesar de sus problemas de salud, es el más frío, húmedo y oscuro de la casa , hecho al cual su gran amigo, el Padre Joss le resta méritos porque, según él, “en esta casa todas las piezas son malas” . Pero, al mismo tiempo, el Padre Poblete visitó con frecuencia, alegría y sin recriminaciones, a sus muchos amigos que gozan de situaciones acomodadas, a los que trató de inducir - con prudencia pero sin mayor éxito en la mayoría de los casos- a llevar vidas más austeras. Cuando llegaba a nuestras casas, todos los que vivimos en ellas, de cualquier condición social o edad, lo recibíamos con alegría y cariño; como uno más y muy querido miembro de la familia.
Una vez le pregunté, con gran admiración, como lo hacía para nunca hablar mal de nadie, de lo que soy testigo durante casi cincuenta años. Anticipé que su respuesta sería algo así como “Es mi naturaleza, me sale así” . Me respondió, en cambio, algo que nunca olvidaré porque lo vi en una dimensión distinta, ya que me di cuenta de que él también debía luchar porque prevaleciera su lado bueno, como todo el resto de nosotros. Me dijo: “Y tú crees que no me cuesta?” .
El Padre Renato dijo hace algún tiempo en una entrevista que, para él, la canonización del Padre Hurtado fue como el final de un largo camino y después agregó : “El proceso de la beatificación fue muy lindo. Me tocó ir a Roma y, cuando descolgaron el lienzo que tapaba la foto del Padre Hurtado dije “ya, Señor, ya puedes llamarme”. Sospecho que ayer, cuando sintió que su pecho se apretaba, el oyó – o creyó oir – un nuevo llamado del padre Hurtado, quien le habría dicho algo así como “Ya Negro, deja de trabajar por los demás de una vez y ven a acompañarme. Te llegó la hora de regresar al Cielo, de donde viniste”.
Amigo santo, descansa en paz.
19 de Febrero, 2010
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