|
LOYOLA 49-50 |
EN LA PAZ DEL SEÑOR |
|
| Mario Vergara Vicuña S.J., Juan Esteban Rodríguez Velasco S.J., Ildefonso Delgado Espada S.J., Walter Hanisch Espíndola, S.J., Pbro. Secundino Cárcamo, Don Ignacio Achurra Bello, Don Horacio Johnson Llona | ||
|
Chillán, 3-8-01 Muchas veces, pensé en este cantar: en el silencio cual canción del alma. Guiado por embrujo solitario, un sueño largo. Un día llegará; no digas nada. Amar la soledad de los desiertos, sin buscar el clamor de las campanas. Estoy en paz, no espero que otro me hable. Tengo tu voz tan queda en mi mirada. Estoy en paz. Un día sí, comprenderé el silencio, será cuando yo escuche tus palabras. Entonces el corazón será una fiesta Nacida del amor y la esperanza. No sé cuando será; pero será el tiempo del adiós y de las lágrimas. Un instante crucial de eternidad y queda fija para siempre el alma. Está cumplida toda la esperanza. Y poseída toda la verdad. La vida que no es vida queda atrás, la que viene es sin muerte ni amenaza. Llegará todo a un punto. Todo fue ... Abrí mi corazón. Ahora viene, viene a buscarme y le digo: ¡Ven!" Mario Vergara Vicuña S.J.
Juan Esteban Rodríguez S.J. Exalumno de San Ignacio, ex profesor en el San Luis, ministro por muchos años en varias comunidades, coronó su camino sacerdotal como capellán castrense, donde sirvió hasta pocos años antes de morir. Amante de la naturaleza, buen amigo, buen conversador, gustaba de salir a cazar y luego preparar personalmente su "presa" con sus regocijados comensales. Fervoroso hijo espiritual del Padre Hurtado, llegaba hasta las lágrimas, al recordarlo. Falleció el 3 de agosto, a los 83 años de edad.
|
P. Mario Vergara: Última misa en Chillán, pocos días antes de su muerte (3-8-2001). Lo acompaña su sobrino J.J.V. PADRE MARIO VERGARA VICUÑA, S.J. Por Dionisio De la Cerda E. Presidente de ASIA-CHILE Hay ocasiones en la vida que Dios nos regala oportunidades que nos dejan marcados para siempre, para mi ese fue el caso del viaje que hice a Chillán el día Viernes 3 de Agosto del 2001 Con motivo del homenaje programado para el Tío Mario por el centro de ex-alumnos de Chillán viajamos el día señalado desde Santiago el homenajeado, el Padre José Juan Vergara y el suscrito. Pasé a buscar al tío Mario al colegio San Ignacio de El Bosque, donde el me esperaba, el colegio funcionaba como en días normales a plena actividad y el tío Mario compartía en el momento que llegué con un nutrido grupo de alumnos, era a su edad un maestro admirado y vigente tal como lo había sido 35 años antes para mi. Ya en la ruta hacia el sur la conversación fluía sobre pintura, la gran pasión mundana, si así se puede llamar, del tío Mario; su estadía en Barcelona y el perfeccionamiento conseguido allí; sus distintas épocas como pintor; la presencia de cuadros notables de pintores chilenos y extranjeros en distintas dependencias de la Compañía de Jesús y sus comentarios especializados. Llegó la hora de almuerzo y nuestro punto elegido fue el tradicional restaurante Juan y Medio a las alturas de Rengo. Elegimos el conejo para almorzar, se disfrutó por parte de los acompañantes de un moderado pero buen mosto de la zona y diferimos en cuanto al acompañamiento pues el padre José Juan y yo nos jugarnos por unos enormes ajos asados enteros los que el tío Mario rechazó con energía en medio de sabrosas bromas. Retomarnos nuestro viaje y ahora el tema fue la música, sonaba en el equipo del auto una selección de oberturas que dieron lugar a un juego de descubrimientos en los que la opinión altamente especializada del padre José Juan fue complementada por los amplios conocimientos de los que hizo gala el Tío Mario sobre el tema. De verdad hubiera sido una osadía de mi parte aventurar alguna opinión por lo que me limité a hacer preguntas. A las alturas de Talca recibí un llamado por celular en que me anunciaban el fallecimiento de un muy querido tío, atendida mi selecta compañía solicité que se rezara un responso, este rezo dio lugar a que el Tío Mario consultara al padre J. Juan por la salud de los ancianos sacerdotes que viven en su casa, terminaba este de contar de la salud del padre Rodríguez cuando esta vez un llamado a su celular le anunciaba su partida. Nuevo responso. Hablamos de la cripta de la Iglesia de Alonso Ovalle, del cementerio de Padre Hurtado y recorrimos a mis maestros enterrados en esos lugares, en esta etapa hicimos un especial recuerdo del padre Arraño, sepultado en el cementerio católico. Cuando ya nos acercábamos a Chillán hicimos recuerdos de nuestros años en esas tierras y el Tío Mario recordó de manera especial a quién había sido su gran amigo Don Sergio Moreno, que casualidad que pocos días mas tarde él falleciera estando de visita en casa de Valentina hija de don Sergio. Llegamos a Chillán y de verdad ya sólo lo vi de lejos hasta el momento de la despedida. La prédica en la misa efectuada en la capilla del colegio (hoy Padre Hurtado, ex-Seminario) y que antecedió al homenaje, fue un resumen de su vida de maestro, su estadía en diversos colegios y su agradecimiento a Dios por haberle dado la oportunidad de servirlo a través de los niños y jóvenes. La partida del tío Mario, fue como su vida, intensa ( por un sorpresivo infarto), alegre pues hasta pocos minutos antes compartía con queridos amigos y discreta por las circunstancias en que se produjo. Sus funerales en la Iglesia de San Ignacio de Alonso Ovalle copada de asistentes fue el postrer homenaje a un extraordinario Jesuita que siguió la senda de Ignacio, sembrando la semilla de la sabiduría con la sencillez y humildad que el señor guarda para sus elegidos.
El "picho" le decían en Antofagasta, cuando era "maestrillo" joven. El "tío" le pusieron en Chillán. Con ese apodo partió. El Padre Mario Vergara Vicuña, S. J. por Patricio García-Huidobro Montes
A fines del año 2000, el P. Mario pasó a dedicarme su cuadernillo titulado VERSOS... En el prólogo terminaba diciendo "para algún amigo jesuita o algún pariente, que por curiosidad o cariño quiera leerlos ahora o cuando me muera lo que no está muy lejos "... Su poesía no es mansa como él; es de fuerte crítica social; pero, también aparece en ella su notable afectividad. Sus versos piadosos, de recuerdos campesinos y nostalgias, con notas de alto humor sustentado en autocríticas, me hicieron recordar la Misa celebrada a sus 50 años de sacerdocio, en la Iglesia de calle Pocuro en la que, con su prédica convertida en crónica mágica sobre el andar por este mundo, nos hizo reír como nunca pensé, podía suceder en una Iglesia repleta de gentes, de todas las edades, convocadas por su particular hombría de bien... Sus palabras provocaron una alegría contagiosa y así, hasta las carcajadas se consagraban mientras el Templo, contento, escuchaba un discurso cargado de ingenio, autoirónico, que nos volvía a mostrar a este ser nacido y hecho para y por el sacerdocio. En el último cuarteto de "Poemas Nº 4" de VERSOS, el P. Mario nos dice: ... Invadirá, tal vez, la paz celeste Nacida de las noches de amargura. ¿De qué modo, Señor, debo quererte? Como el trigo que muere y se tritura.
Lo conocí en Madrid, 1970; yo salía de un departamento de la Calle del Padre Damián cuando oí - en la puerta vecina - una voz que en buen chileno hablaba del dulce de membrillo; esto me obligó a presentarme y ofrecerle ayuda... Era el P. Mario que recién llegaba a España para ingresar a una academia de arte (El dulce de membrillo era encargo del P. Raúl Montes U. y el promotor del viaje había sido el P. Hernán Larraín A., ambos jesuitas, ex maestros, para mí muy queridos)... Nos amistarnos y nunca dejamos de vemos; sus avances pictóricos permitieron, pudiéramos enviar cuadros a Francia... Vueltos a Chile (1 97 l), expuso con éxito de ventas y yo le adquirí los que no vendió en la muestra... Luego publicó un libro -Currículum Vítae-, tuvo gran acogida por su narración fluida en forma de memorias o crónicas, muy amenas y sobre temas de interés muy especial para sus coetáneos, en un Chile sobrio y original, va pasado... Sus alumnos lo llamaban tío Mario y, los que tuvimos la suerte de conocerle más, como amigos. Pudimos ver en él al sacerdote siempre presto a socorrer con su auxilio paternal, con humildad de santo, para servir a su comunidad, porque trabajaba en nombre de Cristo. Otro gran jesuita nos dejó, va a hacer un año. A-DIOS amigo mío, felicidades... Patricio García-Huidobro Montes (Homilía del Provincial de la Compañía de Jesús, Padre Juan Díaz, en el funeral del P. Vergara. Cita poema que vemos en la columna del lado izquierdo.) En estas palabras se retrata el corazón del "tío Mario" y su persona encantadora. Este jesuita de 85 años de edad bien conservados y con la cabeza clarita, con 68 años de fidelidad vivida en la Compañía de Jesús, y con 46 años de trabajo sacerdotal, se nos ha ido sin molestar a nadie y completando una vida feliz. El alma del P. Mario se retrata también en su famoso libro "Curriculum Vitae", que ciertamente todos hemos oído alguna vez hablar. ¿Qué muestra la vida de este hombre que hizo magisterio en el Colegio San Luis de Antofagasta, que luego trabajó en ese mismo Colegio por 9 años, que luego ejerció su ministerio en el Colegio Seminario de Chillán por 17 años, que viviendo con nuestros estudiantes jesuitas ejerció la docencia y el trabajo pastoral en el Colegio San Ignacio de Alonso Ovalle por 13 años, y que finalmente sirvió en el Colegio San Ignacio (El Bosque) por 8 años? Primero, muestra la vida de un hombre que nunca probó la amargura por mucho tiempo, ni se la hizo sentir a nadie. En su libro, a pesar de situaciones que describe poco gratas que le tocó vivir, especialmente con aquél "visitador gruñón y mal educado que lo acusa de volteriano", siempre reaccionaba a la larga con una gran cordialidad: en lo que decía y también en lo que callaba -, con cierta ingenuidad, con corazón positivo, con humildad. En esto estaba todo su encanto. Otro rasgo notable fue su forma de involucrarse con la gente a la que atendía, y que con facilidad llegaba a querer. Se juega por estar al lado de los que Dios le pone, en sentir con ellos, en alegrarse con ellos y de aligerarles el camino. Asume, por ejemplo, todas sus responsabilidades en la toma de terreno en que participa en la población Juan XXIII en Chillán. Luego se desvive por los chiquillos del San Luis, del Seminario, de los San Ignacio. Cada chiquillo que conoció era lo mejor, y en las capellanías los dibujaba, y no permitía que le quitaran esos momentos de encuentro con la juventud. Un viejo hermano jesuita ya fallecido decía de un compañero de Mario, el P. Ramón Cifuentes, que "éste remece el peral y - señalando a Mario- decía en cambio que este otro recoge las peras". Era un hombre que temía herir y de ser herido, que a veces prefería dejar las cosas en la penumbra. En esta delicadeza se transparentaba además su alma religiosa y su relación honda con Dios, leída en esos versos tan hermosos con el que comenzamos esta homilía. El P. Mario Vergara entonces fue un hombre corriente, deseoso de ser mejor, limitado en algunos aspectos, pero tremendamente amigable. Hombre bueno, que sabía contar las peleterías de su vida, con realismo y suavidad, con franqueza, que disfrutaba de la vida, que quería cada cosa, que expresaba su interioridad escribiendo, que disfrutaba con la buena música y la lectura, con las visitas a sus innumerables amistades. Y otro dato importante: con pasión apostólica. En una entrevista en el diario "El Sur" decía el año 92 que "mi pintura está al servicio de la gente". El P. Mario se fue a estudiar a España pintura el año 70 y en todos los años que siguieron siempre sus pinceles y exposiciones constituyeron sus amigos inseparables. Él mismo decía: "Lo religioso está en mi pintura, en este don de poder expresar el colorido, las formas, la alegría, la paz y ojalá, al menos, uno quisiera que se manifestara también un concepto de elevación y belleza. Por eso todo lo que yo vendo es para beneficencia". En efecto, hace algunos meses yo le escribía agradeciéndole la suma de tres millones 58.000 pesos que me mandó para destinar a obras apostólicas. Para mí como Provincial de Mario es todo un privilegio despedirlo. Su vida fue entretenidísima y nos hizo mucho bien a todos. Dios se ha manifestado en la existencia de este jesuita que amó al Señor como él sabía amar. Amó mucho también a la Virgen. Fue su madre y rezaba su rosario con gran gusto. Al celebrar sus 50 años de jesuita escribió también estos otros versos: "Yo quisiera terminar estos romances tan largos. He recordado la vida en este mi pobre canto de gratitud al Señor; porque estoy de aniversario las bodas de oro se llaman. Al ver el tiempo pasado, la existencia es un instante. ¡Cómo quisiera, Señor, agradecer tu llamado!" Nosotros también agradecemos a Dios la vida de Mario. Querido Mario: descansa en paz. Juan Díaz Martínez S.J. Carta del M.R.P.Kolvenbach, General de la Compañía de Jesús, al Padre Emilio Vergara, con motivo del fallecimiento del Padre Mario. He recibido de su Provincial la comunicación de la muerte de su hermano, el P. Mario. Sé del mucho bien que hizo nuestro hermano a tantas personas con su bondad natural y con su disponibilidad para ejercer su ministerio sacerdotal en nuestros colegios, en el contacto con muchas familias e, incluso, en misiones rurales hasta edad bastante avanzada. En los archivos de esta Curia se conserva la carta que le escribiera el P. Dezza, Delegado Pontificio en esa época, al cumplir 50 años de Compañía. En ella le decía: "profesor, pintor, escritor, por sobre todo es Ud. un hombre que busca a Dios. Tenga la seguridad, querido Tío Mario, de que ya lo ha encontrado". Ahora que él se ha dormido en los brazos del Padre, le expreso mi cercanía y le pido que haga extensivas mis condolencias a toda su familia. Peter-Hans Kolvenbach S.J. P. Mario Vergara Vicuña, al servicio del Dios de la misericordia, y Señor de la Belleza por René Cortínez Castro SIAO-81 La falta de aptitudes literarias, así como el hecho de referirme a quien tan amenamente escribía, y era infatigable lector, habrían impedido escribir estas líneas, de no mediar el recuerdo cariñoso, y el deseo de testimoniar la acción de Dios en la persona del tío Mario. Conocí al tío Mario como alumno en la asignatura de castellano, en 1979, en el colegio San Ignacio de Alonso Ovalle. De alguna manera su recuerdo está particularmente unido a la literatura, sus enseñanzas me han permitido disfrutar con esta creación del hombre, y atisbar, en ella, al Señor de la Belleza.. ¡Qué clases más entretenidas! Cómo no recordar su lectura -casi dramatizada- del poema de Mío Cid Campeador, de Vicente Huidobro, o de "La vida es sueño" de Calderón de la Barca, y de García Lorca ("verde que te quiero verde" ... "eran las cinco de la tarde..."); sus explicaciones sobre el espíritu del "barroco" español (cuna y féretro); aquellos trabajos de composición sobre el don Juan, de Zorrilla y Tirso de Molina, en que critiqué la salvación del personaje en la obra del primero, por un arrepentimiento de última hora, así como los extravíos de Lope de Vega (mea culpa...). Gracias a él atesoré los poemas y letrillas religiosas de Lope de Vega ( "Qué tengo yo que mi amistad procuras, qué interés se te sigue Jesús mío, que a mi puerta cubierto de rocío pasas las duras noches de invierno .. cuán duras fueron mis entrañas, pues no te abrí..."). Conocí los autores Latinoamericanos de la época, García Márquez, Ciro Alegría, Mariano Azuela; también los clásicos, "Ana Karenina", "Los Hermanos Karamazov", "Las llaves del Reino", "El Poder y la Gloria". También los grandes escritores chilenos y sus obras, "Hijo de Ladrón", sin olvidar los autores coloniales, el P. Alonso de Ovalle y Pastene, enamorado de Chile, con sus afanes genealógicos y su huida cordillerana para ingresar a la Compañía de Jesús. Su paciencia, a pesar de las imitaciones que suscitaba su particular tono de voz y dramatización de las obras (de las que él mismo se reía con cierto escrúpulo, por la seriedad que demandaba su rol pedagógico). Estoy seguro que intercedió, en el concurso literario anual del colegio, para que se premiaran mis poemas, creando una categoría ad-hoc de "prosa poética". Vuelven a mi memoria las horas compartidas a la hora del té, en la residencia jesuita de calle Ejército N°72, las visitas a su taller al fondo del patio, con qué interés consultaba mi pobre opinión sobre sus trabajos. Una vez terminado el colegio, tuve oportunidad de compartir con él gracias a la cariñosa acogida del matrimonio formado por su sobrina M. Isabel Del Valle y Leonardo Moreno (SIAO), en casa de ellos conversábamos sobre el acontecer nacional, historia, parentescos, cine, últimos libros leídos (generalmente retirándonos, ambos, provistos de varios ejemplares de la biblioteca de los dueños de casa). También asistí a sus incursiones en el retrato al carboncillo. Muy de corazón agradezco su generosa disponibilidad en materia de asistencia religiosa, siempre acomodó sus compromisos y problemas de salud, para satisfacer las peticiones. Celebró las exequias de mi hermana y de una tía abuela (que tanto había disfrutado, recordando las fiestas en honor del Príncipe de Gales, en Viña del Mar, con la lectura de "Curriculum Vitae"), y bautizó a mi sobrina y ahijada. Se preocupaba de memorizar el nombre del difunto, y de los deudos más cercanos, de padres y padrino, para dirigirse más cercanamente a ellos en la homilía, se daba tiempo, también, para acompañar en el té de celebración posterior. Lamentablemente el "Padre Hurtado" de Chillán, nos privó de tenerlo con nosotros recientemente, para la celebración de los 20 años de nuestro egreso del Colegio (4°B - 1981). Recibió muy agradecido la invitación que, como artista y caballero, ponderó en su diseño y colorido, aunque debió excusarse por haber comprometido su asistencia al otro evento de características similares. En "Curriculum Vitae" es admirable la humildad para considerar sus aptitudes y méritos, los que puso, confiadamente a disposición del Señor. Enternece su piedad y devoción a N.S. la Virgen María. Ciertamente, el Señor hizo grandes obras sirviéndose de él. Sin dudas fue un hombre bueno, que confió en su Señor y se desposeyó de sí mismo para entregarse a sus hermanos. Gracias, Señor, por haberme regalado el cariño y la cercanía del tío Mario, gracias a la Compañía de Jesús, y a su familia, por compartirlo generosamente, Gracias tío Mario, por transparentar al Dios de la Misericordia y Señor de la Belleza, interceda, ahora, por nosotros, para que un día nos reunamos todos en el cielo.
Palabras del Rector del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado de Chillán, en el diario "La Discusión", lunes 20 de agosto de 2001: Celebró la Eucaristía al atardecer de este sábado 18 de agosto. Después de ello Dios lo llamó: "Ven a celebrar junto a Mí tu propia pascua, en el día en que celebramos 49 años de la pascua de mi siervo, Alberto Hurtado". En la noche del sábado, Mario Vergara. el padre Vergara para los pobladores de la Población Juan XXIII, el tío Mario para los ex alumnos del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado - sin preámbulos, silenciosamente - entregó su alma de cura culto y sencillo, amable y positivo, al Señor, su Dios. Recordado y muy querido sacerdote jesuita que vivió por dieciocho años en nuestra ciudad, fue profesor de Literatura y director espiritual de cientos de alumnos del Seminario de Chillán; fue también cura de apostolado entre los pobres. Hace sólo dos semanas estuvo con nosotros. Llegó al atardecer del viernes 3 de agosto para la celebración del Día del ex Alumno del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado. En la capilla del antiguo colegio, repleta de ex alumnos de múltiples generaciones, celebró la misa. En la homilía habló desde el corazón, lo que Dios le suscitara -dijo- sin nada especialmente preparado. Así Dios le suscitó dar gracias por lo feliz que fue su paso por el colegio y le hizo hablar con emoción y entusiasmo del Padre Hurtado. Más tarde recibió el homenaje que los ex alumnos hicieron al maestro y al educador. Al día siguiente quiso conocer el nuevo Colegio Padre Hurtado y visitar a familias amigas y a amigos enfermos. Por la tarde fue a la Población Juan XXIII donde compartió con tantos otros amigos que vivieron con él los primeros tiempos de tomas y campamentos, y en la noche quiso cenar con un grupo pequeño de ex alumnos del Seminario. El domingo, antes de tomar el tren para volver a Santiago, quiso comprar unas cajas de chocolates para dejar en casa de quienes lo habían recibido. A cada uno quería decirle algo, verlo un momento, estrechar su mano... El, ciertamente no podía saberlo, los que compartimos con él tampoco. Pero ahora, que hemos sabido de su paso a la verdadera Vida, comprendemos que Dios quiso que viniera a despedirse. Sergio Reyes Santelices Dos testimonios sanluisinos Fue mi gran amigo sacerdote en el Colegio San Luis de Antofagasta. Charlábamos sobre todo y nos reíamos mucho junto con el cura Zañartu. Los alumnos lo queríamos y lo respetábamos. Así transcurrió el tiempo, me recibí de médico y llegó el momento de casarme. Vino especialmente desde Chillán a Santiago a entregarnos a mi novia y a mi el sacramento. Nos regaló una hermosa acuarela que aún cuelga en señero lugar en mi hogar. Luego lo vi poco pero nunca pude olvidarlo. Enterado de la noticia de su fallecimiento, en cierta forma me alegré que, luego de vivir durante 85 años de bondad y afecto, plenos de amor a Dios y a la Santísima Virgen, le hubiere llegado el momento de encontrarse con Él en forma tan tranquila. Es lo que yo desearía para mi y le ruego que interceda por mi para que yo tambien tenga muerte semejante. Picho Vergara, descansa en paz. Hernán Díaz Mac Donald SLUI 52 Conocí al Padre Mario (para nosotros el Picho) en el colegio San Luis de Antofagasta en el lejano año 1953.Fue mi profesor de Historia y de Literatura en 4o,5o y 6o año de Humanidades. El fue quien me puso mi primer 7 en Literatura y con sus públicos elogios frente a mis compañeros de curso despertó en mí la pasión por el estudio. Nos acompañó luego en nuestra gira de estudios en 6o año al sur de Chile. El año 1956 fue el de la despedida del colegio y ya no volví a ver al Picho hasta 1976 en un almuerzo del Colegio San Luis en el Estadio Yugoslavo, hoy Croata aquí en Santiago. El destino quiso que en el presente año mi nieto mayor entrara al San Ignacio de El Bosque y para mi agrado y sorpresa el profesor de Capellanía era nada menos que el padre Mario. Tuve la felicidad de verlo por última vez a las dos semanas después de Semana Santa .Su partida ha sido muy dolorosa pero queda la alegría de saber que ha entrado al cielo por la puerta ancha. Hasta siempre Mario. Ramón Galleguillos M. Egresado Colegio San Luis de Antofagasta 1956.
|
|
"Delgadito" con el "Hermano" Bernardo Leighton
Walter Hanisch S.J. El séptimo jesuita que Dios ha llamado en este año 2001. Intelectual. Premio Nacional de Historia. Profesor de Historia, Literatura y Filosofía en el Colegio San Ignacio. De él escribiremos más largamente en el próximo número. Héctor Mercieca S.J. El octavo jesuita que Dios ha llamado en este temible año 2001. Maltés. Hombre espiritual, volcado a la actividad pastoral. Fue Profesor de Inglés en el Colegio San Ignacio. De él escribiremos más largamente en el próximo número.
|
Hermano Ildefonso Delgado S.J.
Víctor Moreno, Patricio Jascura y Hno.Delgado Hno.Ildefonso Delgado nació en España el 23 de enero de 1906. Sastre de profesión. ingresó a la Compañía a los 20 años de edad. Siendo todavía Novicio, se vino América, terminando su Noviciado en Chillán, donde hizo sus votos el 16 de julio de 1928, día de la Virgen del Carmen. Desde ese año, vivió en el Colegio de San Ignacio, desempeñándose por un poco tiempo como ropero y luego, por décadas, en el cuidado de los Internos, en la Imprenta, en el Teatro, en la Radio y en el cuidado de todos los implementos electroacústicos. Por su labor educacional, recibió del Gobierno de Chile la Orden al Mérito de Bernardo O'Higgins.El Arzobispado de Santiago le concedió la Gran Cruz de Santiago. El Parlamento le concedió la nacionalidad chilena "por gracia" en 1995. Dios lo llamó a su Reino el 18 de septiembre de 2001. PALABRAS DE GERMAN BECKER Creo participar del dolor de miles de ex alumnos del Colegio de San Ignacio, al enteramos de la muerte del Hermano Coadjutor Ildefonso Delgado Espada S.J. Al escribir estas líneas me vienen a la mente los nombres, de tantos compañeros, amigos y conocidos, que somos deudos del Hermano Delgado, tal como lo son, también. Los innumerables miembros de las generaciones, que él contribuyó a educar. La muerte del Hermano, me trajo a la memoria, el nombre de Sergio Livingstone, así como el de Francisco San Miguel, Gabriel Valdés, Fernando Riera, Alberto Foullioux, Jaime Ravinet, Jaime Said, Sergio Molina, Vicente Sotta, Raúl Troncoso, Cristián Zegers, Joaquín Villarino, Benjamín Mackenna, Mariano Fontecilla, Andrés Prieto, Luis Covarrubias S.J., Agustín Sánchez S.J. Con todos y cada uno de ellos, siempre, al encontramos, hacíamos un recuerdo de nuestro querido Hermano Delgado. Siendo un joven veinteañero, llegó a Chile en 1928, sirviendo en el Colegio de San Ignacio, 73 años. De una memoria prodigiosa, acentuada por el interés en todos los que fueron sus pupilos, a todos reconocía por su nombre y su apodo. Siempre hubo curiosidad por conocer la razón por la cual eligió ser hermano y no sacerdote, no obstante su piedad y su capacidad intelectual. Durante muchos años fue Prefecto de la 1' División, la más importante del colegio, pues la constituían los alumnos internos, del entonces,, sexto año de Humanidades. Sin duda su elección fue un acto de humildad; virtud propia de espíritus superiores. El Hermano Delgado fue un hombre firme, leal y, consecuente, con el camino que eligió. Su fe era una columna de piedra. Junto a él pasaban los vendavales ideológicos, modas y tendencias de turno, sin que hicieran la menor mella, en su espíritu granítico. Tal vez con espanto, vio relajarse las costumbres, relegar la disciplina, pero nunca cambió su talante de hombre amable, sonriente, acogedor y firme. Nuestra generación tuvo la suerte de tener, entre otros, a dos hombres excepcionales en sus aulas: el Padre Hurtado y el Hermano Delgado. El primero ya está en los altares... Germán Becker Ureta Pbro. Secundino Cárcamo Junto a las tranquilas aguas interiores del archipiélago de Chiloé, en el pueblo de Dalcahue, vivió el más anciano exalumno y sacerdote formado por los jesuitas en el antiguo Seminario de Ancud. Fue ordenado por Mons. Munita en 1934. Sirvió por algunos años e Maullín y Puerto Montt. Luego, por 16 años, en la isla de Quenac y finalmente por cuarenta años en Dalcahue. Don Secundino mantuvo siempre un excelente recuerdo del Seminario de Ancud. Ahí recibió una sólida formación , marcada por el cumplimiento de las responsabilidades. Buenos recuerdos tenía de los jesuitas PP. Teixidor, Auger, Audí, Paravano, Bassols, Brexa, etc. (Extractado de un artículo del P. Eduardo Tampe S.J.) D. Ignacio Achurra Bello x Don Ignacio participa en el Congreso Iberoamericano de Exalumnos realizado en Santiago en 1993 A los 98 años de edad, el más antiguo de los exalumnos ignacianos, hijo y nieto de exalumnos, padre de diez exalumnos, abuelo y bisabuelo de ignacianos. Sin duda, don Ignacio es una de las personas más significativas de nuestra Asociación. ¿Cómo no recordar el fervor y entusiasmo con que se inscribió como Socio Fundador del Centro de Exalumnos, allá por el año 1989? Voluntariamente se ofreció para formar parte del primer Directorio, apoyándonos con su simpatía y buenos consejos. A juzgar por la cantidad de personas que acudieron al funeral, podemos afirmar que don Ignacio fue una persona queridísima, al igual que sus doce hijos. La Misa de despedida fue el merecido homenaje a un exalumno ejemplar, hombre justo y fiel. Recuerdos de don Ignacio Achurra, al cumplir 80 años de su ingreso al Colegio. A los colegios jesuitas se entra una vez y no se sale nunca. Yo ingresé hace 80 años, en 1912. Llegué a la portería, de la mano de mi mamá. Nos recibió el portero, hermano Domingo Gost, quien durante muchos años desempeñó el cargo con amabilidad, prudencia y tino. El Rector era el Padre Reverter, severo y autoritario. El prefecto de estudios era el P. José Espelet, jesuita uruguayo de distinguida presencia y relevantes condiciones de autoridad. El ambiente era acogedor y. al mismo tiempo, de estricta disciplina. El cuerpo de profesores, sacerdotes y hermanos, vestían de sotana y bonete; a la calle salían sólo de a dos, con teja y manteo de tipo militar, que daban más espíritu de cuerpo. Mi primer profesor fue el hermano Oliveras, de quien guardo emocionado recuerdo y a quien nunca olvido en mis oraciones. Oros destacados maestros fueron los PP. Olmos, Guzmán, Correa, Alarcón, Juan Carlos Zorrilla de San Martín, Zoilo Villalón, etc. El alumno más distinguido era mi primo Fernando Vargas Bello; el más estudioso, Fernando Goycoolea. En su vida se distinguieron José barros Casanueva, Alcalde de Providencia; Alejandro Menchaca Lira, Obispo de Temuco; Alfredo Waugh Walker, apóstol de los barrios y conventillos. En nuestro tiempo se presentaban vistosas revistas de gimnasia que constituían un acontecimiento social. Para terminar, un episodio anecdótico que nos afectó a todos los alumnos mayores: el Gobierno llamó a conscripción militar de emergencia. Se suspendieron las clases. Gran parte de los alumnos se enroló voluntariamente: el Padre Hurtado en el regimiento de Infantería. La mayoría ingresamos en la Escuela de Suboficiales. Después de meses de instrucción, volvimos al colegio... Ignacio Achurra Bello Julio de 1992 Horacio Johnson Llona En noviembre, a los 67 años de edad, nos ha dejado este Socio Activo de ASIA-Chile y Amigo del Templo San Ignacio. Para María Eugenia y sus familiares, vayan nuestras sentidas condolencias.
|
|
|