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LOYOLA 49-50 |
TEATRO TEATRO |
ARTE |
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ENTREVISTA AL ESTUDIANTE JESUITA RUBÉN MORGADO AUTOR Y DIRECTOR DE "Avenida la Paz", POR FERNANDO GARCÍA S.J. Este ex alumno del San Ignacio El Bosque, actualmente estudiante jesuita, llevó al teatro su experiencia vivida durante el "mes de hospital" en el psiquiátrico, donde trabajó como auxiliar del sector de mujeres. Rubén Morgado salió del colegio San Ignacio EB el año ’94, entró a estudiar Derecho en la U. de Chile y, luego de tres años en esa carrera, se dio cuenta que lo suyo era servir al Señor en la Compañía de Jesús. En ese momento no imaginó que le tocaría hacer el mes de hospital (experiencia que realizan los novicios jesuitas) en el psiquiátrico de Av. la Paz, en Santiago y, menos aún, que esa experiencia lo haría concebir una obra de teatro que presentó hace algunas semanas en el Teatro de la Residencia San Ignacio. - Rubén ¿Qué quisiste mostrar en "Avenida la Paz"? - "Básicamente tres cosas: lo primero fue mostrar lo que nos pasó con Miguel Yaksic (su compañero jesuita de experiencia en el psiquiátrico) a nivel humano y espiritual, quise mostrar lo que ahí vivimos y, sobre todo, cómo nos cuestionamos esa imagen del Dios que lo resuelve todo. Eso entró en contradicción con la locura de las pacientes que servimos y con el dolor que nos tocó contemplar y acompañar... son temas para los cuales muchas veces no tenemos respuesta, temas a los cuales aparentemente tampoco Dios resuelve: son las situaciones de la vida incomprensibles. Ahí uno le pregunta a Dios por qué tienen que ser así. Lo segundo fue mostrar la empatía con el dolor. Aunque uno se da cuenta que es imposible sufrirlo por el otro, también cae en la cuenta que es posible estar con el otro y acompañarlo en su dolor. Y lo tercero, fue ver cómo en medio de la demencia, hay mucha vida, porque esas mujeres nos transmiten vida y, de esa forma, uno ve que no todo es pura tragedia". - ¿Qué te demandó la obra a nivel personal, afectivo, y también a nivel operativo? - "Partiendo por lo último, lo primero fue escribirla. Eso me llevó un año, desde inicios del ’99 hasta comienzos del 2000. Luego juntar a la gente, que fue harto difícil, y luego poner fecha de estreno, porque trabajamos varios meses sin fecha, lo que provoca una sensación de estar trabajando "para nunca". Por último, una vez puesta la fecha, fue una lucha por no caer en el pesimismo cuando los ensayos no salían o parecía no haber avances, o cuando las cosas no salían como uno las había proyectado... siento que ahí se nos cuela el inmediatismo de la cultura actual, porque nos cuesta trabajar y comprometernos pensando a largo plazo. Siento que una de las cosas más potentes que nos demandó la obra fue aprender a trabajar en equipo y, en lo personal, abrirme a la posibilidad de modificar el texto, cosa que ocurrió y que enriqueció mucho el libreto. Además fue muy satisfactorio trabajar en equipo con compañeros jesuitas (Diego Benítez S.J. - generación 1995 SIEB - y José Manuel Prieto – generación 1988 SIEB - ambos actores; además de Pablo Guerrero S.J., en la música, e Ignacio Corcuera S.J. - generación 1993 SIEB -, en las luces), y quiero aprovechar de agradecer a la Compañía, porque en todo momento me sentí muy apoyado por ella a través de los superiores y de la comunidad donde vivo, además del apoyo que nos brindó la Universidad Alberto Hurtado". - Rubén, como ex alumno del San Ignacio y con la experiencia que te ha tocado vivir a través de esta obra ¿Qué le dirías a los ex alumnos de hoy? - "Desde esta experiencia en teatro, me gustaría destacar el valor de lo gratuito, hoy se nos pierde por el hecho de que todo tiene precio... en ese sentido los invitaría a valorar lo gratuito, lo que se da porque sí, por lo humanizante que eso resulta, y porque también Dios se nos ha revelado en lo gratuito. Hay otra cosa que me queda dando vueltas, y es esto de hacer las cosas bien y que resulten, pero a la mayor gloria de Dios. A veces llamamos Magis a la eficiencia económica, al exitismo, a que nos vaya bien a nosotros, y siento que a veces el Reino de Dios es bastante más humilde y más sencillo... la justicia que queremos pasa por algo sencillo como el trato humano, pero también por comprometerse con el Reino de Dios. En el fondo, invitar a los ignacianos a no ponerle nombre de Dios a los que no es a mayor gloria de Él y a jugarnos de verdad por Su Reino". - Rubén, y de aquí hacia adelante ¿qué viene en materia teatral? ¿Piensas embarcarte en nuevos proyectos de este tipo? - "El gran proyecto sería escribir una obra para cada semana de los Ejercicios Espirituales (Avenida La Paz podría ser para la 3ª semana). Hay una veta apostólica a explotar con esto y, sobre todo, con la gente más sencilla, porque se puede entrar de igual a igual con ellos. Me gusta mucho este arte, y en algún momento pensé que como jesuita nunca más iba a hacer teatro... esto es como lo de los talentos, hay que tirarse, arriesgarse, atreverse a hacer cosas distintas, a sacar lo que uno tiene adentro y a llevar el Evangelio de manera novedosa. Estamos invitados a abrirnos a nuevas formas de lenguaje en un mundo plural, donde cada vez se hace más difícil hablar explícitamente de Dios. Me siento existencialmente agradecido por esta tremenda oportunidad". Rubén Morgado entró a la Compañía de Jesús en 1998 y actualmente cursa Bachillerato en Filosofía en la U.Alberto Hurtado. |
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