| OBITUARIO |
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LOYOLA 48 |
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Con inmenso afecto, el 21 de junio,
día de san Luis, hemos despedido a Patricio Cariola S.J., gran amigo
del Centro de Exalumnos. Que Dios lo tenga en su Reino
Patricio con sus padres Carlos y Mimí |
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Hace algunos días ha fallecido el sacerdote y educador Patricio Cariola Barroilhet, S.J. Estuvo con nosotros, los educadores de Chile, por más de 50 años. Nos enseñó a enseñar y a aprender con la gratuidad, la alegría, la entrega y el carisma de los que se saben servidores de los demás.
Patricio Cariola no fue una autoridad formal. Sin embargo, fue influyente como pocos. No tuvo poder, pero ejerció un liderazgo efectivo para transformar la educación en el país y en el ámbito internacional.
Nunca abandonó el aula secundaria, porque sabía que la educación tiene sentido entre los alumnos. Rompió los esquemas convencionales de carrera: fue desde el aula y la comunidad escolar a la Conferencia de Jomtien y a otras cumbres internacionales de educación, en las que brilló con luz propia, y desde allí de nuevo al aula y la comunidad escolar. Hizo un tránsito que tiene un alto significado, y a la edad en que muchos jubilan, él aún dirigía lleno de vitalidad un colegio en Antofagasta.
Con el Cardenal Raúl Silva Henríquez, aceptó la convocatoria para hacer de la enseñanza estatal y de la privada una educación de servicio público. El padre Cariola fue uno de los fundadores del movimiento de la "educación popular", contribución específica de Latinoamérica al movimiento educativo mundial.
Su más conocida creación institucional fue el CIDE, un centro de investigación educacional de excelencia que no ha sido sólo una cuna de pensamiento en educación, sino también un motor y estímulo de procesos educativos generados en la base de. la sociedad e inseparables de la organización de los pobres y los discriminados, de la solución de sus problemas cotidianos y de la construcción de protagonismo y participación. Patricio Cariola fue un creador y animador de comunidad escolar; uno de los primeros que concibieron la organización escolar como una comunidad de actores, motivados, por un proyecto común. No podemos olvidar el aporte del padre Cariola en la primera gran reforma educativa, impulsada por el gobierno de Eduardo Frei Montalva. Lo hizo en tres planos: colaborando directamente con la conducción de esa reforma, dirigiendo la principal y señera organización de los colegios particulares secundarios y, al mismo tiempo, creando en 1964 el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, CIDE.
Promotor de una educación pensante, comprendió que los graves problemas, desequilibrios y demandas que afectaban la enseñanza necesitaban de un conocimiento riguroso. Contribuyó decisivamente a formar personal científico para la educación. Puso su capacidad, su influencia y sus empeños en facilitar la formación en la acción y también en el envío de numerosos jóvenes investigadores para hacer estudios de postrado en el exterior. Muchos de sus discípulos volvieron al país y desempeñan importantes responsabilidades académicas y de gestión pública.
La ciudadanía latinoamericana del padre Cariola no lo encerró en los límites de' la región. Su talento y sus obras lo proyectaron al escenario internacional. Su voz y su consejo han sido muy significativos en los escenarios continentales y mundiales de reforma educativa. Fundó la Reduc, Red Latinoamericana de Información Educativa, mediante la cual puso su saber, sus contactos y sus relaciones al servicio del desarrollo del conocimiento de nuestra región. En 1990, fue el vocero latinoamericano en la Conferencia Mundial de Educación para Todos, la famosa reunión de Jomtien (Tailandia), que marcó camino en el esfuerzo mundial de cooperación para expandir la mirada y la política sobre la educación básica en toda la década de los '90. Patricio Cariola fue reconocido con el Premio Andrés Bello de la Organización de Estados Americanos, y con el Premio Juan Comenio de la Unesco, y recibió el Premio Nacional de Ciencias de la Educación de Chile, en 1999. El padre Cariola arriesgó algo más que su tranquilidad cuando integró el directorio del Comité Pro Paz del Cardenal Silva y cuando se jugó por proteger a quienes estaban en riesgo de muerte. Encarcelado y perseguido, este cristiano de verdad tendió la mano a muchos que, no pensando como él, necesitaban su aliento, y nos recordó así que un educador de verdad no está jamás ajeno a la dignidad de todo hombre y mujer.
Y en todo este camino, supo reconocer el rostro de un Dios amoroso, que lo animaba e iluminaba. Como su querido San Ignacio, supo amar a Dios en todas las cosas y en todas ellas encontrar ocasión para transmitir ese amor con generosidad.
Al enumerar las actividades, los campos de pensamiento y de acción del padre Cariola, nos abruma pensar hasta qué punto ese hombre fue muchos hombres sin dejar de ser él mismo. Hoy sólo uno de esos hombres, el que respiraba, el que sonreía, el que caminaba, se ha ido. Los otros viven, nos iluminan y se quedan entre nosotros para siempre. Mariana Aylwin Oyarzún Ministra de Educación
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