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MIRADA AL MUNDO
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LOYOLA 48 EN ÁFRICA | |||
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Continuamos con los relatos de
tres misioneros chilenos en África. Dos son médicos: Uno de ellos
es exalumno de San Ignacio, acaba de participar
en una "misión" de ayuda cristiana en el Congo. El otro es jesuita y
reside en el Chad (su relato comenzó en LOYOLA 47). Un tercer
exalumno, sacerdote y misionero en Kenya nos impactó con su carta
navideña (ver LOYOLA 47). |
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¡ CONGO, SALUD ! Por Sergio Stone Cereceda El Doctor Stone es exalumno del Colegio San Ignacio. Estudió Medicina en la Universidad de Chile. Durante largos años ha ejercido en los EE.UU. Invitado en una misión de ayuda cristiana a visitar el Congo. Estas líneas son la continuación de Loyola 47. Vuelo sobre los grandes lagos y volcanes del este africano, otra vista bellísima e impresionante; el sur de Uganda, Rwanda, Burundi y finalmente mi destino, el Congo al este del río Congo. Ninguno de mis viajes anteriores me había preparado para ver tanto sufrimiento y miseria, en esta tierra fértil y abundante: oro, diamantes, minerales. Hace ya años que no hay más que una sombra de gobierno; un país dividido. Los sueldos de funcionarios, ejército, policía no se pagan. No hay prácticamente billetes. Sin bancos ni correos, ni electricidad ni agua, las calles están llenas de gente digna, que sonríe y saluda a mi pasada. En todas partes hay cultivos, hasta en las aceras de las calles. En esta zona, sin invierno ni verano, la rica tierra volcánica produce todo el año. La Guerra, los muchos años de guerra son el problema. El este del Congo estaba en guerra con el oeste, invadido por Uganda, Rwanda y Burundi y en medio de guerrillas y grupos armadas de numerosos caudillos aislados, independientes y sumamente peligrosos. ¿Cómo sobrevive este pueblo? No lo sé, pero su juventud es su esperanza. En medio de pueblos que parecen estar apenas sobreviviendo, sucios, desordenados, con edificaciones derrumbadas y poblaciones miserables, escolares caminan en largas filas vestidos de pantalón azul y camisas blancas, que hacen juego con sus brillantes ojos y su dentadura que se entrevé entre sus sonrisas.. Quién les enseña y qué, no lo supe. Hacen un contraste vivo con la decadencia y abandono que los rodea. Vengo a enseñar medicina a las universidades locales. Recuerdo mis años en la Universidad de Chile, alegres, despreocupados, con excelentes profesores a pesar de los turbulentos años 60. Los alumnos aquí también son alegres y ríen fácilmente con las bromas con que amenizo mis charlas, pero no ven futuro. Ansiosos de aprender y de ayudar a su país, se sienten totalmente impotentes por condiciones que no pueden controlar. Llenan las salas de clases; en la mayoría de las veces, debemos mover las charlas a la iglesia local, que es más grande y que tiene bancos. El grupo docente, 6 profesores, es acompañado por hasta 25 médicos y asistentes congoleños; hacemos una caravana de 7 vehículos a prueba de fuego. La universidad carece de agua, baños, vidrios. La biblioteca no tiene ni un solo libro y su única pared no sostiene techo. Un grupo de alumnos me pide unas fotos con ellos allí, en ese lugar increíble. Por favor cuente esto profesor, me dicen. En señal de respeto me toman la mano, "enséñenos más, no se vaya, vuelva". Muchos me dan sus direcciones y me piden la mía. La organización, DOCS ( Doctors on Call for Service) prohíbe darles mi dirección personal. Y yo, ¿adónde les escribo? Las direcciones son de una parroquia local, en Burundi, otro país. Los alumnos son bulliciosos, participan activamente, hacen muchas preguntas, la mayoría interminables. ¡Cómo me hace falta mi francés! ¡Pensar que en San Ignacio leía a Hugo y Corneille bajo la dirección de Monsieur Obaid! Sin embargo, me las arreglo mejor en francés que en Swahili. Entiendo todo pero me es difícil expresarme. Recuerdo mis años de alumno de colegio y universidad y comparo. ¡Qué privilegio el mío! Porque nací en Chile, país mucho más avanzado, informado, estructurado, libre, uniforme, con leyes, tradición. ¡Cómo podemos quejarnos! ¡Cómo no dar gracias a Dios todos los días por todo lo que tenemos y no merecemos! Hay billones de gente que sólo sobrevive; un Massai-Mara humano más cruel aún, ya que el hombre dotado de inteligencia superior, virtudes y voluntad, no tiene excusa para no trabajar más por el bien común. Las autoridades del Congo de hoy hacen esfuerzos sobrehumanos por ser aceptadas, por poner orden, por el progreso. Se ven complacidas por nuestra presencia, nuestro trabajo intenso por enseñar, sin costo para el país, sin pedir nada en cambio. Inauguran con orgullo nuestras conferencias. Escuché el himno nacional congolés numerosas veces; Un himno lento, cansado, armonioso. Requiere un solista al que el coro responde. Es hermoso. Entre las ciudades, volamos en pequeños aviones que la agencia Americana de desarrollo pone en servicio de las organizaciones no gubernamentales. El avión, entero blanco, tiene grandes letras azules: "No dispare; no contiene municiones ni armas; vuelo de Socorro". Los jóvenes pilotos americanos que manejan los vuelos, se ríen ante nuestras preguntas: "¿se ven de lejos las letras?" Antes de partir esperamos que unos niños saquen de la pista sus cabras y gallinas. Dejamos atrás la pista y las carpas de los soldados que aseguran el aeropuerto. Hay sólo 30 minutos de vuelo entre Goma y Bukavu. ¿Por carretera? 1 a 3 días. Depende de la capacidad de los choferes de manejar por caminos infernales y de poder negociar pacientemente con los dueños de los tablones de los numerosos puentes que se extienden sobre ríos y quebradas. Solo la estructura de hierro queda, pero hay que arrendar los tablones cada vez. Algunos individuos tienen 1 tablón, otros 3 o 4, otros viven lejos del puente o están almorzando…. Nos demoramos 3 horas en los 36 kilómetros entre Bunia y Nyankunde. No hay ríos en esta planicie por la que Stanley atravesó en busca de Livingstone. De pronto hay una cuerda en el camino, y unos 30 soldados, algunos sólo adolescentes. ¿Quiénes son? ¿Soldados regulares? ¿De qué país: Uganda, Congo? Rwanda y Burundi están mas al sur. ¿Guerrillas? ¿Congoleses? ¿De qué bando, de qué tribu? Irregulares, verdaderos bandoleros modernos que viven del pillaje y en pequeñas bandas que luego se traga la selva. Los uniformes de todas estas fuerzas son iguales y las armas también. Todos llevan un fusil automático, el AK-47. A unos pocos doblega el peso de armas mayores, cuyas balas enormes, en bandoleras, atraviesan los pechos jóvenes. Nuestras credenciales e invitaciones especiales, de poco valen fuera de las ciudades. Piden un peaje de $300 dólares por persona. Somos 23 personas en el grupo. Las negociaciones se prolongan; no nos movemos de nuestros vehículos. Finalmente pasamos después de pagar un peaje total de $30 dólares lo que revela la calidad de nuestros anfitriones congoleños. El puesto de peaje no existe a nuestro retorno, 3 días después. En Kivu encuentro al poderoso río Congo. Me parece estar leyendo a Conrad. Botes de madera socavada de grande troncos atraviesan el río hasta la otra orilla, que parece no estar habitada. Agua espesa, cargada de lodo, tierra fértil que se escurre hacia el mar, miles de kilómetros hacia el norte y luego al oeste. En medio de un calor tórrido y húmedo zumban los mosquitos. Agradezco mis vacunas contra el paludismo, fiebre amarilla, hepatitis…Niños juegan saltando como en todas partes, otros se bañan desnudos. Numerosas mujeres lavan ropa y tachos, los hombres adultos pescan unos peces grandes, feos, mejor dicho horribles, espinudos, de mirada furiosa. El pescado es abundante y junto con las cabras, hacen el fuerte de la proteína animal que el congolés consume en abundancia. Mi deseo de atravesar el río en una piraguas se ve frustrado. Mis amigos Congoleses no me dejan. ¿Y si después no me traen de vuelta? ¿Y si un hipopótamo da vuelta el bote? ¿Cómo explicar a las autoridades que he desaparecido, que me hayan dejado exponerme? Al atardecer, descansamos en una antigua misión católica belga, una casona de ladrillos, que rodea a un patio tiene unas palmeras y numerosas plantas y flores. Me recuerda vagamente el patio de la clausura del colegio, aunque de pasillos abiertos. Vuelan numerosas mariposas de todos colores y tamaños. Al ponerse el sol las mariposas son reemplazadas por luciérnagas. Parece un cuento de hadas. ¿Dónde quedan luciérnagas en Chile? El motor eléctrico interrumpe el ensueño, llega la luz a oscurecer tanta belleza. El Obispo local esta en el Vaticano pero comemos con otro que recién regresa y se dirige a su sede. La conversación es en francés, lo que frustra a mis colegas Americanos. ¿Cuántos idiomas hablas Sergio me preguntan? Yo hago de traductor, pero no hay dialogo. El joven Obispo se dirige al país de los pigmeos, en las densas selvas tropicales del norte, cercanas al Sudan y Uganda. Volará 45 minutos y luego de 6 horas por tierra, llegará a su sede. Con tristeza me expresa que los pigmeos están siendo asesinados sistemáticamente por miembros de otras tribus, "más avanzadas" que codician sus tierras ancestrales. Sus arroyos contienen oro y diamantes y sus selvas maderas preciosas. Los pigmeos son nómadas, se mueven en pequeños grupos familiares de no más de 30 o 40 individuos. Son masacrados mientras duermen o recogen yerbas o frutas, su dieta esencial. Son pacíficos, difíciles de encontrar, dispersos, duermen protegidos de la lluvia diaria bajo grandes hojas de plantas tropicales. El Obispo se entera con demasiada frecuencia de los grupos que han encontrado muertos. Cada vez pasan por su sede más a lo lejos, en grupos más pequeños. ¿Y dónde está el hombre civilizado, las Naciones Unidas con sus agencias y burócratas…Reunidos y comiendo en los mejores restaurantes de Ginebra o New York? ¿En alguna otra conferencia internacional? No es fácil enseñar en seis ciudades distintas en 4 semanas en un lugar como el centro de Africa. El esfuerzo de DOCS es increíble; posible sólo gracias a la tradicional generosidad del cristiano Americano que financia todo. El grupo de unas 20 a 25 personas se moviliza como una operación estratégica llevando todo lo que se pueda necesitar. Nuestras diapositivas, proyectoras, telones, géneros para oscurecer las piezas, la comida, el agua, la gasolina para los vehículos y los generadores de electricidad para los proyectores, linternas, extensores, enchufes de todo tipo, lápices, hojas para que los alumnos tomen notas. Se proporciona almuerzo para todos y se vive rodeado de gente que pide constantemente. El médico congolés es inteligente y ansioso de aprender. El alumno no lo es menos, pero encontré un solo microscopio en los 6 hospitales que visité. El alumno sabe que en esas condiciones no es posible llegar a ser un buen médico y se siente frustrado y sin esperanzas. Debe pagar $ 100 dólares a cada profesor cada año, lo que es una fortuna, para que le enseñen algo, ya que la universidad existe en principio solamente. Al parecer, sólo los hospitales mantenidos por iglesias cristianas tienen medios. Los estatales carecen de todo. ¿Cómo podemos nosotros quejarnos de falta de acceso a la educación superior, en vez de agradecer al Señor el incomparablemente mejor bienestar en que estudiamos y vivimos? Después de una experiencia como ésta, cuán mezquinas e insignificantes aparecen nuestras quejas, nuestros reproches, nuestra incapacidad para perdonar, nuestra falta de amor, confianza y fe que nos impiden trabajar juntos para gozar aun más de la privilegiada vida que hemos recibido de Dios. Regreso a California con tristeza. Sólo me anima un deseo grande de volver por más tiempo, de juntar fondos para financiar equipo que haga mi enseñanza más práctica y mejor condicionada a las necesidades locales que ya conozco. Antes de subirme al avión que me lleva a Bruselas, Chicago y finalmente Los Angeles pienso que no debo irme. Que puedo hacer aquí más bien que en mi medio habitual en California. Pienso en algunos alumnos y pacientes que dejaron una impresión más honda en mí. No puedo ya ser ahora el de antes. ¿Parece una frase de Neruda? ¿Cómo volver a mi cómoda y fácil vida después de esta experiencia? Tres semanas después de mi vuelta, me llega un e-mail de DOCS. Nyankunde, el ultimo hospital que visitara fue atacado por fuerzas desconocidas. El hospital fue parcialmente destruido, mataron a todos los hombres que estaban en tratamiento ortopédico, potencialmente rivales, respetaron la maternidad, robaron y quemaron numerosas tiendas y casas, la población huyó a los campos, es un pueblo abandonado. ¿Qué pasó con la hermosa casa de huéspedes construida sobre la colina que domina al pueblo? - pregunté. Pero no hubo respuesta. Entiendo que ahora parte de la población ha vuelto y ya se hacen esfuerzos para juntar dinero para reconstruir lo perdido en el hospital. ¿Qué pasó con el microscopio? Dios mío, qué crueles podemos ser cuando creemos que sólo se vive en la tierra y no existe la vida eterna que Jesús con su muerte nos regaló.
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En el número anterior de Loyola, publicamos completa la carta del misionero chileno Miguel Ángel García S.J. Ahora, sólo ponemos sus párrafos finales. Veo a diario nuestros cristianos laicos, curas y monjas africanos sacándose la mugre por ayudar a su pueblo, organizando proyectos de ayuda y desarrollo, enseñando a los niños en las escuelas, reuniendo a las mujeres, los hombres y la juventud, para darles esperanza en la vida y en un futuro mejor. Es la esperanza misma transformada visiblemente en solidaridad. .. Nos acaba de llegar de regalo inesperado literalmente "del cielo" un pavo para que celebremos nuestra Navidad en familia. Hace un par de días nos llamaron de un supermercado para pedirnos que lo fuéramos a buscar, que alguien lo había comprado ¡en Estados Unidos por la Internet! No hemos podido averiguar quién lo mandó... Envíenme la correspondencia a: Fr. Miguel Angel García, S.J. P.O. Box 30105 Addis Abeba - ETHIOPIA Mi dirección de correo electrónico es siempre <mgarcia@inet.cl>. |
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HECHOS DE LOS PRIMEROS
APOSTOLES DEL CHAD. (viene de Loyola 47)
Por Leopoldo Labrín S.J. El autor es médico cirujano chileno, 37 años. Hermano Jesuita desde 1990. Misionero en el Chad desde 1992. En la actualidad es Director del Hospital de Goundi. . . . En los últimos años, a la luz del Concilio Vaticano II, se restaura la antigua tradición del bautismo por etapas y se incorporan elementos de la cultura Sar. Así la "iniciación cristiana" tiene analogías con la iniciación tradicional Sar. La parroquia de Goundi, situada a 60 Km. de Koumra y 180 de Sar, fue creada en 1956. Mi participación en esta comunidad es desde 1992. En ella, los chadianos y los extranjeros que participamos, nos hemos ido dando cuenta que la sola práctica religiosa no basta para salvar integralmente al hombre. Se hace necesario agregar una práctica de la justicia. Para ser fieles a esta visión de la fe, nuestra parroquia de Goundi ha impulsado una serie de iniciativas de carácter espiritual, cultural y social. Dentro de las actividades religiosas se han creado comunidades eclesiales de base en 148 aldeas (90 % de las aldeas del distrito), lo que suma 11.000 fieles bautizados y 4000 catecúmenos. Entre nuestras actividades sociales se cuenta la formación de la Asociación Comunidad por el Progreso en 1973, que es la primera ONG exclusivamente chadiana del país. En el marco de esta asociación se crearon la Maternidad en 1973, el Hospital en 1974, un Sistema Integrado de Salud (policlínicas en el campo, en relación con el hospital) en 1990, una Escuela de Enfermeros que funciona desde la fundación del hospital y que desde 1998 otorga el título oficial de Enfermero de Estado. En 1990 se crea la Escuela Comunitaria Agrícola Familiar que alfabetiza los niños en su lengua maternal, les enseña el francés y les forma en agricultura moderna y ganadería. Desde 1992 funciona un despacho de Apoyo de la red de escuelas básicas y de apoyo a la formación de profesores. Esta lista de actividades y estructuras ilustra de manera concreta la naturaleza y el objetivo que sigue la Iglesia Católica: La salvación y el desarrollo integral del hombre. |
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