| JESUITAS EN CHILE LOS CENTENARIOS DEL 2001
|
LOYOLA 48 |
|||
|
Manuel Lacunza, bicentenario
de su muerte
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/850576694775061733825114/p0000001.htm#4 |
||||
|
Alberto Hurtado, centenario de su nacimiento |
||||
| Nicanor Marambio, centenario de su nacimiento | ||||
|
LACUNZA, MANUEL. Escritor y religioso jesuita chileno, nacido en Santiago en 19 de Julio de 1731 y m. ahogado cerca de Imola (Italia) en 17 de Junio de 1801. A los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús, profesando en 1766: al año siguiente se refugió en Italia, como la mayoría de sus hermanos en religión incluidos en el decreto de expulsión. En Imola, donde fijó su residencia, hacia vida de anacoreta y á nadie franqueaba la entrada de sus habitaciones. Muy aficionado a la astronomía, se pasaba la noche en observación, no acostándose hasta el amanecer. En su juventud había sido maestro de novicios, pero abandonó bien pronto el cargo para poder dedicarse por completo á sus estudios favoritos, la teología y la astronomía. Dejó sin publicar una obra exegética titulada La venida del Mesías en gloria y majestad, una de las mejores conocidas para la interpretación de las Sagradas Escrituras, si bien fue incluida en el Indice en 1824, no por el conjunto del sistema, sino por un capítulo que, en realidad, se puede considerar como accesorio como, lo demuestra el que los prelados concedan tantas licencias como se solicita de ellos para leer dicha obra. Después de la muerte del autor, se hicieron numerosas ediciones. El Directorio de ASIA-Chile ha solicitado a nuestros embajadores ante la Santa Sede y la República Italiana para que consigan la repatriación de sus restos de modo que descansen definitivamente en la cripta del Templo de San Ignacio. Infórmese aquí acerca de las gestiones que se van haciendo. |
HURTADO, ALBERTO. Nacido en Viña del Mar en 1901 y fallecido en Santiago en 1952, es, sin lugar a dudas, el chileno más destacado del siglo veinte. Beatificado por Juan Pablo II en 1994, su proceso de canonización sigue en marcha, gracias al tesón del Padre Jaime Correa. Más allá de los milagros físicos que pueda hacer, existen dos grandes milagros morales que demuestran la indudable santidad de este jesuita: 1. El prodigioso desarrollo de su obra, el Hogar de Cristo 2. La especial conciencia de deber solidario que permanentemente flota en el ambiente nacional.
¿Qué dijo sobre el Padre Hurtado un exalumno suyo, Rául Hasbun Z. , hablando por Megavisión? Haga clic aquí
|
|||
|
Nicanor Marambio S.J.
De él se publicó una extensa nota en el número anterior de Loyola (47). El domingo 27 de mayo se celebró su centenario en la Iglesia de San Ignacio, con la asistencia de exalumnos, discípulos y amigos. |
||||
|
SOLIDARIDAD
por Raúl Hasbun Zaror Solidaridad será la palabra más escuchada mañana, 18 de agosto, en que se conmemora la pascua o tránsito a la eternidad del Padre Alberto Hurtado. Según el diccionario, es adhesión a la causa de otro; comunidad de intereses, de bienes y de expectativas entre varias personas. Pero la solidaridad que justifica esta celebración quiere más: consiste en ver, sentir y tratar al otro como nuestro propio yo: lo que a fi te suceda me sucede a mí. El que a ti te dañe u ofenda, me ofende y daría a mí. Yo respondo por fi. Tú eres mi otro yo. Es lo que dijo el corazón del buen samaritano, cuando al ver caído y desvalido a un enfermo, no se preguntó: ¿qué me pasará a mí si me detengo a servirlo y cuidarlo? Sino ¿qué le pasará a él si paso de largo? Y su corazón respondió: acógelo, cuídalo y paga por él, como si fueras tú. Como si fuera Cristo. Pregunto: además de ser solidarios mañana y todos los días con quienes nos necesitan ¿no es justo y necesario que seamos solidarios con el mismo Padre Hurtado, o sea, pensar, sentir y hacer como él? Preguntamos: ¿qué haría el Padre Hurtado en mi lugar? El era nuestro predicador habitual del Mes de María y de nuestros sábados marianos, en el Colegio San Ignacio. Y predicaba con fogosidad cristológica. Era tanta su pasión por Cristo, que al poco tiempo de predicar enronquecía y quedaba en casi permanente disfonía. Nos recomendaba tener en el velador las epístolas de San Pablo, el gran enamorado de Cristo. Y al igual que Pablo, vivía su amor a Cristo en íntima alianza con su amor a la Iglesia. Era jesuita, con voto religioso de obediencia especial al Papa. Su vida santa se gestó, se purificó y culminó en su obediencia a la Iglesia, como lo destacó el Papa en la homilía de su beatificación. Y en ese doble amor a Cristo y a la Iglesia fructificó naturalmente su apasionado amor a los pobres. ¿Cómo llegó el Padre Hurtado a ver a Cristo en los pobres? Esa clarividencia de la mirada, esa óptica divina se nutre en la oración, es hija y fruto de la contemplación. El Padre Hurtado era un contemplativo, por eso era un hombre de acción tan fecunda. De esa misma oración, y de su obediencia a Dios, brotaba su 44 contento, Señor, contento!". De él aprendimos que un rato de oración y de adoración bien hecha vale más y produce más fruto que la más intensa actividad apostólica. Pero uno de los rasgos más salientes y más dignos de imitación en la personalidad del Padre Hurtado es su sed de absoluto. No era hombre de medias tintas, de ambigüedades y tibiezas. Su frase predilecta: "cuando uno entra en un camino, y uno no es un imbécil ni un cobarde, tiene que llegar hasta el fin, pase lo que pase, o de lo contrario, no tomar nunca más el báculo del caminante. Un corazón valiente no se detiene jamás a mitad de camino. Acepta la verdad entera, sin recortes, para serle fiel hasta más allá de la muerte. Me dan compasión los hombres semi-honestos, y con mayor razón, los semi-cristianos. No hay verdad sino en lo absoluto". La frase es de León Bloy, él la tenía doblemente subrayada. La vivió y la enseñó a vivir. Su otra frase e inquietud característica suena lapidario: en Chile hay una profesión vacante: la de hombre. Ser solidarios con el Padre Hurtado nos exige, más allá de pequeños y preciosos gestos de ayuda solidaria, empeñarnos en formar esos hombres que, como el Padre Hurtado, sean capaces de amar sin miedo, sin mentira, sin medida: siempre. |
||||
Carta del Embajador de Chile en
Roma, don José Goñi
|
||||