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MIRADA AL MUNDO
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LOYOLA 47 EN ÁFRICA | |||
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Dos médicos chilenos nos
cuentan lo que ellos han visto y vivido: uno de ellos es jesuita y
reside en el Chad. El otro, exalumno de San Ignacio, acaba de participar
en una "misión" de ayuda cristiana en el Congo. Un tercer
exalumno, sacerdote y misionero en Kenya nos impactó con su carta
navideña. |
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DOLOR EN EL CONGO Por Sergio Stone Cereceda El Doctor Stone es exalumno del Colegio San Ignacio. Estudió Medicina en la Universidad de Chile. Durante largos años ha ejercido en los EE.UU. Invitado en una misión de ayuda cristiana a visitar el Congo, nos escribe estas líneas. La vista ante mis ojos era una visión de la creación magnífica de Dios y profundamente acogedora y emocionante: Miles de animales en movimiento, aves en el cielo, interminables llanuras y colinas del Massai-Mara que se pierden en el horizonte, hacia el Serengueti, en Tanzania. De más cerca, la crudeza de la naturaleza contrasta claramente con la primera impresión. La fría cacería de los leones para alimentar la manada, las hienas sacando de una madriguera a un jabalí y destrozándolo en un instante, son también parte de lo que vi, de esa misma creación que no somos capaces de entender. Nos tranquiliza pensar que son sólo fieras... (Continúa en el próximo número) |
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Carta desde
Nairobi, Kenya
Estimados familiares y amigos: Les escribo desde Nairobi y les envío mis afectuosos saludos de Navidad y mis deseos de un año nuevo lleno de bendiciones de Dios. No sé dónde estarán concentradas sus mayores preocupaciones y esperanzas durante esta Navidad: si en el trabajo, la vida familiar, en los cambios importantes que estan sufriendo las diferentes sociedades que viven en Chile,... o, quizás, en todos ellos. Yo quisiera, brevemente, compartir mis preocupaciones y esperanzas en el Africa Oriental, donde el Señor me ha enviado para "en todo mas amar y servir" y donde la Iglesia y la Compañía me han dado la misión de vivir y predicar un mensaje de esperanza. Quisiera comenzar por compartir con ustedes mis preocupaciones: Estoy preocupado por la salud de nuestros pueblos, que sigue deteriorándose. En Kangemi, la población callampa donde vivo y donde los jesuitas tenemos nuestra parroquia, mueren diariamente de SIDA entre 25 y 30 personas. Ya se me ha hecho habitual el escuchar todas las noches los tambores que acompañan el duelo de familiares y vecinos de alguien que ha muerto en esos días. En Kenya, el 80% de las camas de hospital están ocupadas con pacientes de SIDA y mueren a causa del SIDA unas 500 personas diariamente. Estas son cifras oficiales que, obviamente, no corresponden a las verdaderas, que son ciertamente mayores. Las consecuencias se muestran devastadoras en los niveles familiares y socioeconómicos. Es cada vez más frecuente ver que, al morir de SIDA los padres de familia, los abuelos, ya cansados por una vida de trabajo y sacrificio, o los hijos mayores, todos entre los 13 y 17 años de edad, se convierten en los jefes de hogar. Estos últimos deben dejar de estudiar, buscar un trabajo no calificado y emprender la responsabilidad de criar, educar y alimentar a sus hermanos menores. Me pregunto qué puede significar la Navidad en este contexto, donde es la muerte, y no la vida, la que parece tener la ultima palabra. También me preocupa la creciente pobreza de nuestros pueblos. El 40% de la población de Nairobi, Kenya, y el 60% de la población de Addis Abeba, Etiopía, están sin trabajo. Este año, como en la década anterior, ¡sólo el 2 % de la inversión mundial se ha hecho en Africa! Junto a la pobreza han aumentado drásticamente la frustración y la violencia. A esto se suma una corrupción generalizada que envuelve personas e instituciones. Mientras Ministros de Gobierno e inversionistas locales y extranjeros (la corrupción siempre requiere de dos: el que da y el que recibe) quedan impunes, los que sufren son los pobres, mis vecinos, como de costumbre. ¿Qué puedo predicar para Navidad que no sea "opio del pueblo" sino voz de autentica esperanza fundada en la paz de Jesús, rey de la paz, con justicia para todos? Veo con frustración, amargura y hasta impotencia cómo nuestro continente va muriendo poco a poco. Nuestros países no pueden pagar las deudas millonarias contraídas hace décadas con el FMI y el Banco Mundial. Veo cómo gastamos más en "pagar la deuda" que la inversión en educación y salud. Kenya paga USD 23 de deuda per capita/año, invierte lo mismo en educación y destina solo USD 6 a la salud. ¡Y es el país que mejor esta en la región! Nuestros hombres mueren jóvenes (40 años promedio de vida), nuestras mujeres llevan la vida enfermas y envejecen rápido, y nuestros niños crecen mal nutridos, comprometiendo así su desarrollo normal. Esta generación será ciertamente menos inteligente que la anterior. Me pregunto cómo hacer de mi vida un mensaje de esperanza para esta Navidad. Me preocupan los refugiados y desplazados. Africa Oriental tiene la población de refugiados y desplazados más grande del mundo: 30 millones (de 50 millones en todo el planeta), hombres, mujeres y niños que han debido abandonar lo poco que tenían (su campito y su choza), para establecerse "temporalmente" "al otro lado del limite", hasta que las cosas se tranquilicen. Me pregunto, qué pensarán y sentirán estos refugiados, casi todos cristianos, cuando ven que la Navidad se acerca. ¿Qué se puede celebrar en estas circunstancias? Pero nos definimos como el continente de la esperanza. Etiopía y Eritrea firmaron un tratado de paz la semana pasada. Esto es a la vez una gran gracia y responsabilidad que debemos agradecer y cultivar. Aunque todavía nos quedan algunas guerras que terminar: las guerras civiles en Sudán y Uganda y la que tienen Uganda con la República del Congo. Pero, vamos avanzando, al menos por ahora. Veo diariamente la esperanza de nuestros hombres caminando 20 kilómetros al día a para ir y volver del trabajo y ahorrarse unos pesitos para poder "terminar el mes". También veo la esperanza de nuestras mujeres trabajando duro desde el alba hasta el ocaso, con críos a cuesta, para ayudar a parar la olla. En Kangemi, donde ahora transito por el barro porque es época de lluvias, los veo organizándose en pequeñas cooperativas, porque "la unión hace la fuerza" y así "cunde más". Veo a la vecina haciéndose cargo de los hijos de la vecina, porque aquella encontró, aunque sea mal pagado, un trabajito. Veo como "hacen una vaca" para conseguir fondos para "mejorar el vecindario", compuesto por "casitas pareadas" de una pieza hechas con planchas de zinc, con una llave de agua para 50 familias y letrinas comunes en el patio. Los veo "ponerle el hombre juntos", solidarios, y hacer cercas, canales, letrinas. Los veo celebrar juntos los nacimientos y velar juntos a sus muertos. Veo el sudor y la sonrisa a flor de piel, la de los adultos y la de los niños, que parecen alegrarse de que uno viva con ellos. Si esto no es esperanza, ¿qué "chupalla" es? Y mañana domingo 24 en la noche concelebraremos la Eucaristía en nuestra parroquia repleta de vecinos, mis vecinos, que vienen a proclamar y confesar entre danzas y cantos que, a pesar de todo, el Señor vino, se hizo uno de nosotros y nos ha dado una esperanza contra toda esperanza. Y todos nuestros pobres vendrán a la "misa del Gallo" con sendos regalos de comida. Los ofrecerán al Señor en el ofertorio, como lo hacen cada cuarto domingo de mes. Son donaciones para que la comunidad cristiana de la parroquia los distribuya "entre los pobres", porque en Kangemi los hay aun más pobres: Los ancianos, las madres solteras y los huérfanos del SIDA. Es como el ejemplo del evangelio de la viuda que da al templo de lo poco que tiene, y el Señor ve su generosidad, porque "ha dado de lo que necesitaba para vivir". También veo a diario nuestros cristianos laicos, curas y monjas africanos sacándose la mugre por ayudar a su pueblo, organizando proyectos de ayuda y desarrollo, enseñando a los niños en las escuelas, reuniendo a las mujeres, los hombres y la juventud, para darles esperanza en la vida y en un futuro mejor. Es la esperanza misma transformada visiblemente en solidaridad. Y el lunes 25 voy a pasarme el día saludando a cantidad gente que querrá desearme una "Merry Christmas and a Happy New year, Father". Son mi familia africana de Kangemi que vendrá a darme un saludo afectuoso y honesto, para que el "gringo" (yo), que ha dejado su familia y clan para vivir y trabajar con ellos, se sienta acogido por su familia extendida en Africa. En la noche nos reuniremos para a compartir una cena navideña los 9 jesuitas que vivimos en Kangemi. Nos acaba de llegar de regalo inesperado literalmente "del cielo" un pavo para que celebremos nuestra Navidad en familia. Hace un par de días nos llamaron de un supermercado para pedirnos que lo fuéramos a buscar, que alguien lo había comprado ¡en Estados Unidos por la Internet! No hemos podido averiguar quién lo mandó. En la misa del Gallo me acordaré especialmente de ustedes, mi familia y amigos en Chile, y rezare por ustedes, junto a mi familia y amigos de Kangemi, para que el Señor los llene de esperanza y de bendiciones, como lo ha hecho con nosotros. De regalo no les mando el pavo, pero si les ofrezco lo que he recibido de mis vecinos en abundancia: la esperanza y la solidaridad. Miguel Angel García, SJ Nairobi P.S.: El 26 de Enero próximo volveré de manera definitiva a Etiopía. Envíenme la correspondencia a: Fr. Miguel Angel García, S.J. P.O. Box 30105 Addis Abeba - ETHIOPIA Mi dirección de correo electrónico es siempre <mgarcia@inet.cl>. |
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HECHOS DE LOS PRIMEROS
APOSTOLES DEL CHAD.
Por Leopoldo Labrín S.J. El autor es médico cirujano chileno, 37 años. Hermano Jesuita desde 1990. Misionero en el Chad desde 1992. En la actualidad es Director del Hospital de Goundi. Cuando en 1946, Roma confía a los jesuitas una parte del Chad, el país no ha tenido contacto con los misioneros más que en una pequeña parte de su territorio. Situado en el corazón de Africa, el Chad se encuentra al final de los caminos que, desde las costas del Congo o del Camerún, han visto el lento avanzar de la misión católica. Los primeros sacerdotes que se instalan en el Chad fueron los Espiritanos en 1929, no lejos de la actual frontera con África Central. En 1939 son reemplazados por los capuchinos franceses expulsados de Abisinia después de la conquista italiana. Ellos se instalan en las ciudades sureñas de Moundou y Fort Archambault (actualmente Sarh). La Iglesia católica está ausente en todo el resto del país. La región dependía en ese entonces del Vicariato Apostólico de Khartoum (capital del Sudán). Alertado por oficiales del ejército francés del estado de vacío espiritual del país, un jesuita, el padre Frédéric de Bélinay, se interesa y logra ser nombrado capellán militar en 1934. Él recorre la mayor parte del país a camello y logra, algunos años más tarde (1945), que sus superiores de Lyon pidan a Roma el permiso de comenzar una misión en el Chad. En Enero de 1947 la Congregación de la Propaganda de la Fe establece la Prefectura Apostólica de Fort-Lamy (actual N'Djamena, capital del Chad) y la confía a los jesuitas. Durante el año 1946, cinco jesuitas llegan al Chad y se establecen en Fort Archambault (Sarh). Entre ellos el padre Charles Margot, antiguo rector del Colegio del Cairo, que es nombrado superior. Encuentran en la ciudad una pequeña comunidad cristiana formada por los padres capuchinos. El conjunto resultaba bastante variopinto. El padre Martin, nos lo describe: "Son de la tribu Bandá, Yakoma, Ngbaka o Valé…Casi todos hablan Sango (lengua de África Central) mezclada con algunas palabras francesas y portuguesas. En el barrio Bégou, al lado del río Chari, hay un catecumenado en lengua Ngambay. Hay también cameruneses, congoleses y algunos de Dahomey, que son empleados de la administración o de las casas comerciales que pertenecen a griegos, armenios, libaneses o portugueses…" En 1947 los jesuitas se instalan en Fort-Lamy (N'Djamena). El padre Joseph Bouchet que asume el cargo de Prefecto Apostólico, hace venir hermanos constructores y jesuitas jóvenes, entre los cuales se cuentan los padres Paul Dalmais y Henri Veniat que llegarán a ser los primeros obispos de Fort Lamy y Fort Archambault. En el mismo año un nuevo puesto se instala en Chagwa, aldea situada seis kilómetros de la capital, en la ribera del río. Al final de 1950, la Prefectura Apostólica tiene 15 sacerdotes, tres escolares, cuatro hermanos y veintiséis religiosas. Una de las primeras obras de la Iglesia fue la creación de una Escuela de Institutores (Escuela Normal) que enseguida será doblada por una Escuela de Aplicación, donde los futuros profesores pueden hacer sus prácticas. En 1951 se crea la Prefectura Apostólica de Moundou y es confiada a los Padres Capuchinos. Los jesuitas fundan nuevas misiones en la región de Moyen Chari, entre los cuales destacan Moïssala, cerca de la frontera Centroafricana y Koumra, centro importante del país Sar. El padre Marcel Durand se instala en Koumra en junio del 51. El distrito cuenta con 330 aldeas y 100.000 habitantes. Desde el punto de vista de la evangelización, los Bautistas americanos llegaron al lugar 15 años antes, pero nada se había sido hecho del lado católico. Los primeros afanes del padre Durand fueron construir una capilla, una casa para él y una escuela. Paralelamente a estas construcciones comienza a proceder a la evangelización de su vasto territorio. Como no tenía auto, estaba obligado a ir a pie, en bicicleta (en el barro a en la arena) o "hacer dedo" a los camiones de la Cotonfran (sociedad algodonera que después de la descolonización se convirtió en Cotonchad). El tiempo colonial duró en el Chad medio siglo. La llegada de los Nassar (blancos) cambió profundamente la sociedad tradicional: La introducción de la moneda, el cultivo de algodón a partir de 1930, la creación de rutas y de una estructura administrativa, la implementación de un impuesto "por cabeza", el reclutamiento -a menudo forzoso- para la construcción del ferrocarril Congo-Océano, que costó la vida a miles de africanos. La colonia se acaba en 1960, y un protestante de Bessada, cerca de Koumra, será el primer presidente de la República independiente: François Tombalbaye. La lengua en la región del Sar tiene ligeras variantes, (Bédaya, Djoli, Koumogo, Koumra, Bessada). Algunos grupos hablan lenguas vecinas como el Goulay, Nar, Ngam, Mbay y Bédiondó. Dos grupos de la región hablan una lengua que no tiene ninguna relación con el Sar: Los Tumak, en el distrito de Goundi y los Dai. ¡Toda esta confusión lingüística en una población total de 180.000 personas en 1960! En el 2001, en todo el país se cuentan alrededor de 260 lenguas y dialectos, para una población cercana a los 6 millones de habitantes. La región Sar tiene un clima de sabana sudanesa, lo que significa una larga estación seca y una estación de lluvias de 4-5 meses con precipitaciones medias de 800- 900 mm/año. El cultivo de base son el sorgo y el mijo, con algo de niebé (especie de poroto), maní y camotes. Las principales dificultades de los campesinos son la pobreza del suelo, la proliferación de parásitos vegetales, las plagas de langostas o de orugas y los predadores (pájaros, monos y hasta 1980 los elefantes; después de esta fecha desaparecieron completamente de la región exterminados durante la guerra civil). Las familias crían cabritos y raramente cebúes. Las aldeas tienen pozos de una profundidad promedio de 50 metros. En lo que respecta a la religión tradicional de los Sar, ellos reconocen la presencia de Alguien que ha hecho y dado todas las cosas. Este Alguien es llamado Nouba y a veces utilizan la palabra árabe Alá. Nouba no es objeto de ningún culto, no recibe ningún sacrificio. ¿Cómo sería objeto de culto, aquel que es sujeto de todas las cosas? ¿Cómo darle algo al que es el dador de todo? Hay genios o "poderes" o "fuerzas" intermedias que comandan la vida de la naturaleza y del hombre. Estos genios (Bessá) son objeto de culto. Los primeros jesuitas adoptaron el método de evangelización de los capuchinos (con más experiencia en Africa), luego lo han ido adaptando: Aprendizaje de las oraciones cristianas, la Historia del Pueblo de Dios (Antiguo Testamento), luego las enseñanzas de Jesús para terminar con la vida de la Iglesia y de los sacramentos. Una progresión que, en lo esencial, es fiel al Símbolo de los Apóstoles. Cada etapa está coronada de un examen y marcada por un signo visible que marca la progresión en el proceso de catecumenado (4 años). En los últimos años, a la luz del Concilio Vaticano II, se restaura la antigua tradición del bautismo por etapas y se incorporan elementos de la cultura Sar. Así la "iniciación cristiana" tiene analogías con la iniciación tradicional Sar. La parroquia de Goundi, situada a 60 Km. de Koumra y 180 de Sar, fue creada en 1956. Mi participación en esta comunidad es desde 1992. En ella, los chadianos y los extranjeros que participamos, nos hemos ido dando cuenta que la sola práctica religiosa no basta para salvar integralmente al hombre. Se hace necesario agregar una práctica de la justicia. Para ser fieles a esta visión de la fe, nuestra parroquia de Goundi ha impulsado una serie de iniciativas de carácter espiritual, cultural y social. Dentro de las actividades religiosas se han creado comunidades eclesiales de base en 148 aldeas (90 % de las aldeas del distrito), lo que suma 11.000 fieles bautizados y 4000 catecúmenos. Entre nuestras actividades sociales se cuenta la formación de la Asociación Comunidad por el Progreso en 1973, que es la primera ONG exclusivamente chadiana del país. En el marco de esta asociación se crearon la Maternidad en 1973, el Hospital en 1974, un Sistema Integrado de Salud (policlínicas en el campo, en relación con el hospital) en 1990, una Escuela de Enfermeros que funciona desde la fundación del hospital y que desde 1998 otorga el título oficial de Enfermero de Estado. En 1990 se crea la Escuela Comunitaria Agrícola Familiar que alfabetiza los niños en su lengua maternal, les enseña el francés y les forma en agricultura moderna y ganadería. Desde 1992 funciona un despacho de Apoyo de la red de escuelas básicas y de apoyo a la formación de profesores. Esta lista de actividades y estructuras ilustra de manera concreta la naturaleza y el objetivo que sigue la Iglesia Católica: La salvación y el desarrollo integral del hombre. |
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