JESUITAS EN CHILE

LOS CENTENARIOS DEL 2001

 

LOYOLA 47

  Manuel Lacunza, bicentenario de su muerte
 

Alberto Hurtado, centenario de su nacimiento

  Nicanor Marambio, centenario de su nacimiento
 

LACUNZA, MANUEL. 

Escritor y religioso jesuita chileno, nacido en Santiago en 19 de Julio de 1731 y m. ahogado cerca de Imola (Italia) en 17 de Junio de 1801. A los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús, profesando en 1766: al año siguiente se refugió en Italia, como la mayoría de sus hermanos en religión incluidos en el decreto de expulsión. En Imola, donde fijó su residencia, hacia vida de anacoreta y á nadie franqueaba la entrada de sus habitaciones. Muy aficionado a la astronomía, se pasaba la noche en observación, no acostándose hasta el amanecer. En su juventud había sido maestro de novicios, pero abandonó bien pronto el cargo para poder dedicarse por completo á sus estudios favoritos, la teología y la astronomía. Dejó sin publicar una obra exegética titulada La venida del Mesías en gloria y majestad, una de las mejores conocidas para la interpretación de las Sagradas Escrituras

si bien fue incluida en el Indios en 1824, no por el conjunto del sistema, sino por un capítulo que, en realidad, se puede considerar como accesorio como, lo demuestra el que los prelados concedan tantas licencias como se solicita de ellos para leer dicha obra.

Después de la muerte del autor, se hicieron numerosas ediciones.

 

HURTADO, ALBERTO. 

Nacido en Viña del Mar en 1901 y fallecido en Santiago en 1952, es, sin lugar a dudas, el chileno más destacado del siglo veinte. Beatificado por Juan Pablo II en 1994, su proceso de canonización sigue en marcha, gracias al tesón del Padre Jaime Correa.

Más allá de los milagros físicos que pueda hacer, existen dos grandes milagros morales que demuestran la indudable santidad de este jesuita:

1. El prodigioso desarrollo de su obra, el Hogar de Cristo

2. La especial conciencia de deber solidario que permanente flota en el ambiente nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nicanor Marambio

(1901 - 1966)

En el aporte que la Compañía de Jesús ha prestado a la vitalidad de la Iglesia en el norte grande chileno, sin duda la obra realizada por el Padre Nicanor Marambio S.J. se destaca en primer lugar. En 31 años de trabajo perseverantes, el Padre Marambio dejó una huella imperecedera desde Copiapó hasta Arica, a través de sus incontables alumnos y amistades que sintieron en hondura la acción del amigo leal.

Este hombre permanece vinculado íntimamente al norte chileno, a la ciudad de Antofagasta, al colegio San Luis, de la Compañía de Jesús. Nació en Santiago, el 29 de mayo de 1901.

Su abuelo, que llevaba el mismo nombre, construyó el templo de los jesuitas en Valparaíso.

En el colegio San Ignacio sintió el llamado del Señor a la vida religiosa. Entre sus compañeros de aula estaban los futuros jesuitas PP. Alberto Hurtado, Luis Ramírez, Alvaro Lavín y varios otros, que más tarde, llegaron también al sacerdocio.

En su vocación influyeron los PP. Vives, Alarcón y Villalón. Este último fue el que lo trató más de cerca.

VIDA EN ARGENTINA

De las aulas del colegio, el 8 de marzo de 1917 pasó al Noviciado en Córdoba, Argentina.. En esa misma casa completó los estudios humanísticos, además del latín y el griego. Para los estudios de filosofía fue enviado al Seminario en Villa Devoto, Bueno Aires. En 1926 regresó a su colegio San Ignacio para hacer la etapa de magisterio. Volvió a Villa Devoto, esta vez para iniciar los estudios de teología que lo llevarían al sacerdocio; lo concluyó en el nuevo colegio Máximo San José en San Miguel, donde fue ordenado presbítero en la primera ordenación habida en dicha casa deformación, 19 de Diciembre de 1931.

Al comenzar 1935 fue destinado a Antofagasta para comenzar la verdadera tarea de toda una vida. Fueron 31 años de trabajo casi ininterrumpidos.

Su vida poco a poco se fue identificando con el norte. En 1936 se hizo cargo del Colegio San Luis. Este educador sirvió admirablemente de enlace con los anteriores regentes.

Se asimiló de tal manera con el colegio, que no se podía hablar de él, sin que saltara la clásica pregunta de labios de los exalumnos ¿Y el Padre Marambio, cómo está? 

Pero su corazón se extendía más allá de las aulas del colegio.

UN AMIGO LEAL

Bullía de iniciativas, las más variadas para acudir a cuanta necesidad él descubría. 

Las poblaciones marginales de Antofagasta lo consideraban suyo, toda vez que su caridad inagotable lo llevaba planear soluciones, a veces imposibles de llevar a la práctica. El pobre, el necesitado, el estudiante en apuros, el obrero sin trabajo, sabía que encontraría en el Padre Marambio un amigo leal. 

Una coincidencia providencial quiso que su deceso fuera precisamente en la madrugada de la fiesta del apóstol de la caridad, San Vicente de Paul, el 19 de julio de 1966, con el cual tenía un parecido tan profundo y espontáneo. 

Sólo un mes antes de su partida, la Municipalidad de Antofagasta le había otorgado la distinción de «Ancla de Oro», reservada a sus hijos más ilustres.

Eduardo Tampe S.J.

(extraído de LOYOLA 21)

 

Dos personas muy queridas, Ildefonso Delgado y Patricio Cariola. Están enfermos y necesitan nuestra oración y apoyo espiritual.

Delgadito se encuentra en la residencia de San Ignacio y goza recibiendo visitas de exalumnos, pero se cansa. Venga, pero por un ratito corto.

Patricio está en la clínica y no es fácil visitarlo. 

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